VIAJAMOS EN PLAN LOW COST ... PARA RECORRER MÁS CON MENOS DINERO
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El impacto de la historia Ruandesa.



Febrero 2015

Nuestro recorrido por África está siendo una cátedra intensiva de historia y geografía, porque está claro que no sabemos nada de este continente y lo poco que creíamos saber tiene poco que ver con lo que hemos visto, vivido y sentido en estos meses de viaje.

Frontera Rwanda -Tanzania, en Rusumo

El gobierno actual de Rwanda quiere hacer convertirla en uno de los países más organizados, ordenados y limpios del continente. Las bolsas de plástico están prohibidas, hablan de cero tolerancia a la corrupción y se intenta transmitir una imagen de modernidad y estabilidad. Es decir, quieren que Rwanda sea atractiva para inversores internacionales. En ello está Paul Kagame, el presidente que lleva 15 años gobernando. Ha construido grandes avenidas con aceras en la capital, las carreteras principales están en buenas condiciones, hay alumbrado público en los centros urbanos, se ven centros de salud (muchos apoyados por USA), colegios, han adornado las ciudades con cuidados jardines (¡aunque está prohibido pisarlos!).

Pero en nuestra corta visita por el país notamos que algo no encajaba del todo. Se pretende aparentar calma y que todo va bien pero no deja de sentirse cierto ambiente ficticio, cierta fachada.
Hay fuerte presencia policial y militar en ciudades y pueblos. Mucho personal desplegado, con uniformes militares, fusiles y metralletas en mano. Es la primera vez en este viaje por África que vemos tantas armas. Algunas personas nos comentaron que el servicio secreto ruandés es de los más fuertes del continente y que hay poca libertad de expresión. Todo está demasiado controlado por el gobierno y sus fuerzas de seguridad. “Cuidado, ¡ese puede ser espía!”, nos dijeron varias veces.

¿Qué puede haber detrás de todo esto? Difícil de saber, pero como somos cuarentañeras, tenemos edad y memoria para recordar que hace 20 años en Rwanda ocurrió un genocidio en el que, según la versión que conocíamos, mataron miles de personas por razones étnicas sin que la llamada “comunidad internacional” hiciera algo.

Memoriales del genocidio en Kibuye
Con nuestra ignorancia como guía, fuimos a visitar el principal Memorial del Genocidio en la capital de Rwanda. Hay memoriales por toda Rwanda, y en este de Kigali hay también un museo. Fue empezar a leer los detalles de lo sucedido y no salíamos del asombro. Una masacre de un millón de personas (según las cifras oficiales) en 3 meses, entre abril y junio de 1994, a punta de machete, garrote y todo tipo de armas, cometida por los Hutus contra los Tutsis.

Si una atrocidad de este tipo no puede dejarte indiferente, fue impactante saber que fueron los colonizadores europeos, concretamente los alemanes y belgas los que idearon, gestaron y fomentaron la división y el odio étnico que degeneró en esta atrocidad.

Antes de la colonización, en Rwanda no había ninguna clasificación étnica. País compacto, nunca ha sido un pueblo muy mezclado y se nota en los rasgos de la gente.
Pero llegaron los Alemanes a finales del mil ochocientos y empezaron a diferenciar 2 grupos, los Hutus y los Tutsis. ¡Divide y vencerás! Cuando Europa se repartió el continente africano, fueron los Belgas los que se quedaron con Rwanda, así como con los vecinos Burundi, tan pequeño como Rwanda, y el inmenso y riquísimo Congo o Zaire. En los años 30, los Belgas establecieron oficialmente un documento de identidad que clasificaba étnicamente a la población. Aunque intentaron buscar diferencias físicas, que si la altura, la contextura, la nariz, desistieron y finalmente decidieron que los Tutsis eran los que tenían más de 10 vacas y el resto eran Hutus. Los colonos privilegiaron a los primeros, que eran minoría (15%) y discriminaron al resto.

En los años 50, después de la segunda guerra mundial, como Europa estaba ocupada reconstruyéndose, empezó a dar la independencia a los países africanos para controlarlos de otra manera. Así que en 1962 se declara la Rwanda independiente, dejando en el poder a los Hutus, que eran los que habían sido reprimidos, e incentivando el revanchismo contra sus anteriores protegidos, los Tutsis. Se mataron unos y otros desde los años 50, más o menos intensamente, y muchos Tutsis buscaron refugio en las vecinas Uganda y Tanzania. En Burundi pasó algo similar pero a la inversa, con los Tutsis en el poder.

¿Aún no te has perdido en esta historia sangrienta? Y eso que estamos intentando resumir, contando la historia oficial.

Unos años después llegan los Franceses para entrenar al ejército y las fuerzas de seguridad, previo contrato millonario de venta de armas. Más matanzas, refugiados, todo aliñado con la “ayuda” extranjera. Rwanda era un caldo de cultivo y la radio y la iglesia incentivaban a los Hutus a odiar a los Tutsis. Finalmente la olla estalló en abril de 1994, cuando el avión donde viajaban los presidentes de Rwanda y Burundi es estrellado en Kigali y empieza la masacre.

No es por subestimar la capacidad estratégica de los africanos, pero sospechamos que fueron intereses internacionales los que diseñaron todo esto, incluyendo el asesinato de dos presidentes. Nunca lo sabremos, pero lo cierto es que las Naciones Unidas no hicieron nada para evitarlo. Los rwandeses cayeron en la trampa llevando la brutalidad al límite para matarse entre hermanos. Un millón de muertos en 100 días! Parece increíble, una locura.

Vista del centro de Kigali (izq.) y piscina del Hotel de las mil colinas (el de la peli)

En el museo de Kigali, la exposición finaliza mostrando un país reconciliado, sin rencores entre asesinos y víctimas, un país nuevo. Esto es lo que quiere mostrar Kagame, el presidente. Pero resulta que él también fue protagonista del genocidio como dirigente de las guerrillas Tutsis, en todos los años previos y durante el genocidio, es decir, también tiene muertes sobre su espalda. Ahora está aferrado al poder desde el 2000, y quiere cambiar la constitución para perpetuarse (eternizarse en el poder parece ser un virus contagioso). En fin, que no ha habido justicia ni la habrá.

Con el paso del tiempo sabremos si el rumbo que está tomando Rwanda está siendo conducido por los ruandeses, pero será difícil. Hay muchos intereses en juego en esta zona central del África, situación bien estratégica, y aunque Rwanda es un país muy pequeño (todo queda a 200 km de la céntrica capital), es densamente poblado (actualmente son 12 millones de personas). Así que entre más inestabilidad será más fácil sacar las riquezas inmensas del Congo vecino y continuar con el negocio de la “ayuda para el desarrollo”. Primero generas el conflicto y luego llegan los organismos de Naciones Unidas, la Unión Europea, ONG´s, US-Aid, etc., para supuestamente “cooperar”, “reconciliar” y “aliviar”.
No deja de ser curioso que Hollywwod hiciera una película sobre el genocidio, Hotel Rwanda ... ¿por qué estaban interesados en dar a conocer lo que pasó?

La gente anda algo perdida en Rwanda como con los idiomas. Antes francófona, en el 2008, reemplazan el francés por el inglés en los colegios y el país ha entrado en la Commowealth. ¿Cambiarán también los enchufes y la conducción? Ahora mismo siguen a la europea, no como en el este y sur de África.

Pero la vida sigue tranquila en apariencia y la gente continúa labrando las tierras fértiles a lo largo y ancho del país. Rural, destaca el color verde, el país parece una huerta enorme, no hay colina sin cultivos, preciosas terrazas trabajadas para producir millones de plátanos, maíz, café, té, arroz, frutas. Vacas y cabras por todo lado. No falta qué comer y se nota en la frescura de sus mercados. Pero tampoco queda un árbol original y los pocos que se ven son eucaliptos que sembraron los europeos.

Nos llamó la atención que las iglesias se siguen llenando cada domingo, cuando suponíamos que la gente les había cogido miedo ya que fueron trampas mortales en las que masacraron a miles de personas. Hay muchas organizaciones cristianas, con escuelas y algunas con alojamientos.

No queda mucha vida salvaje, pero si milagrosamente sobreviven grupos de gorilas en las montañas del norte, en una zona preciosa con volcanes y lagos, comparten con Congo y Uganda.  ¿Te acuerdas de la película Gorilas en la Niebla? Pues la historia de Dyane Fossey sucedió en estas montañas. Hoy aún quedan unos 700 gorilas en la zona pero los precios son prohibitivos. ¿Cuánto estarías dispuesto a pagar por ver estos animales durante 45 minutos en la jungla? Nosotras muy poco, así que ni se nos pasó por la cabeza pagar lo que un ruandés que tenga la suerte de tener un trabajo asalariado en 7 meses o un año, ¡es decir 750 dólares!

En cualquier caso, recorrer Rwanda es un disfrute para los ojos, curvas y más curvas, sube y baja, el escenario siempre es bello. Viniendo de Tanzania el cambio es aún más notorio, sobretodo por lo limpio. Nos movimos siempre en minibuses nuevos, con los precios expuestos (son baratos, recorrer 50 km cuesta poco más de un euro y lleva una hora). En cuanto al alojamiento, la calidad es algo mediocre, frente a la de Tanzania, aunque sigue siendo barato (se consigue habitación de unos 15 euros o menos).

Los restaurantes locales tienen comida tipo buffet, perfecta para el viajero, disponible a cualquier hora. Te sirves todo lo que quepa en un plato, pero por más que intentamos no logramos hacer la montañota que hacían los locales. Cuesta poco más de un euro. La comida recuerda a la colombiana del corrientazo, es decir básicamente es arroz+papas fritas+plátano +yuca+fríjoles. Y disfrutamos bebiendo grandes jarras de yogur local, el ikiruguto.

No faltan cervezas locales y bares, altavoces sonando fuerte y llama la atención el gran número de salones de apuestas retransmitiendo fútbol y deportes, siempre llenos de hombres, casi siempre apostando. También vimos gente pobre, viviendo con realmente lo mínimo, niños sucios y con barriguitas hinchadas, en las ciudades y pueblitos.
 
Ay Rwanda! ¿Hacia dónde vas?
Con todo este pasado reciente es normal que a la gente le cueste sonreír, son demasiado serios. El genocidio fue hace tan sólo 20 años y casi todos vieron cómo mataban a sus familiares, así que es normal que haya toda una generación traumatizada.

Si para nosotras fue impactante saber que en la casa en la que nos alojamos en Kigali mataron a casi todos los hijos de la dueña, no podemos imaginar lo que puede sentir todo el pueblo rwandés. Ainhoa, la médico vasca-puertoriqueña que nos acogió también nos contó que Abril es el mes de la conmemoración, cuando el país recuerda su historia para que no vuelva a ocurrir jamás.   

Eso esperamos, que los pueblos africanos no vuelvan a caer en la trampa para matarse entre hermanos. ¡Never again, nunca más !

Tanzania no es para mochileros.

Febrero del 2015

¿Por qué Tanzania, uno de los países más turísticos del África negra, puede decepcionar a un viajero independiente? Simplemente porque la industria turística internacional ha sobrevalorado demasiado a este país. ¿Cuantas veces hemos visto la imagen del Kilimanjaro con los animales salvajes en primer plano? Y si se añaden días de playa en Zanzíbar, el plan es perfecto. Así es que muchos nos imaginamos recorriendo un lugar con vida salvaje por todo lado, paisajes variados, una cultura africana fuerte y tribus exóticas. La realidad es otra. Y si comparamos con otros países recorridos del sur de África, hacer turismo en Tanzania es caro y casi siempre hay que pasar por un tour organizado, así que es un destino muy limitado para viajeros mochileros.

Dar Es Salam, la capital, desde el ferry
Estuvimos recorriendo Tanzania durante mes y medio, incluyendo 3 semanas de descanso en Zanzíbar. Desde el primer día, ya notamos algo diferente. En Tanzania conviven diversas etnias y religiones: musulmanes, cristianos y creencias africanas, según las estadísticas oficiales, repartidas a partes iguales. Tampoco faltan indios controlando el comercio en las ciudades. Pero por todo el país oímos mucho llamado al rezo en las mezquitas y vimos bastantes mujeres con velos, por lo que sospechamos que hay más política que rigor estadístico en esas cifras.

Ha habido una mezcla de gentes a lo largo de los siglos que le da al país un carácter especial y hace que no siempre sea tan profundamente africano. En la manera de ser de los tanzanos se notan  los genes árabes: son ruidosos, les gusta el jaleo, el regateo, y sobretodo, sacar dinero de donde pueden como buenos comerciantes. Pero el ambiente es relajado, tanto, que incluso vimos a musulmanes, incluidas mujeres con coloridos velos, bebiendo en algún hotel.

Mezquita en Moshi
Toda esta diversidad étnica la supo controlar Nyerere, el presidente que gobernó el país durante casi 3 décadas, tras la independencia en los años sesenta (el país fue colonizado por alemanes y británicos y los árabes controlaban el tráfico de esclavos por la zona). Aunque Nyerere fracasó con el modelo económico socialista basado en crear pueblos agrícolas, logró mantener el país unido y sin guerras internas, fomentando el nacionalismo y la unidad lingüística. Estableció el swahili como idioma nacional, un idioma híbrido entre lenguas africanas y el árabe. Así que sin importar la tribu de origen o la religión, la mayoría de la gente en Tanzania adoptó esta lengua, que es la que se enseña en las escuelas. Y hoy todos están orgullosos del swahili y de su país.

Tanzania ha sido el primer país recorrido de África donde hemos sentido una barrera con el idioma. Aquí todo está escrito en swahili, son muy pocos los que hablan inglés (no muchos acceden a la secundaria que es donde lo enseñan). Así es que nos tocó aprender las palabras básicas para saludar y pedir la comida.

¿A que no imaginas que sabes al menos una palabra en swahili? Sí, “safari” quiere decir viaje, aunque su sentido se ha desvirtuado e internacionalizado con el tema de las cacerías de otros tiempos y paseos de turistas para ver vida salvaje.
Pues eso fue lo que hicimos nosotras, muchos “safaris” sin ver animales, nos conformamos con tomar el bus y ver paisajes, cultivos y la vida diaria.

Mercado en Lushoto
Y es que en Tanzania y en África del Este ver vida salvaje no está al alcance de cualquiera. Si en el Sur del continente, las entradas a los parques de animales cuestan como mucho unos 20 dólares ($) por persona y día, en esta zona los precios empiezan en 30 o 40 $ y no digamos si quieres visitar los super famosos y visitados Serengeti y Ngorongoro: respectivamente 60 y 50 $ (y 20 más si bajas al cráter). Y esto sin incluir la entrada del coche,  transporte, alojamiento y todo el resto. O los abusivos 70$ que hay que pagar cada 12 horas en el Kilimanjaro y se necesitan al menos 5 días de caminata! Por cierto que para ver la estampa de los animales con el volcán al fondo, además de tener suerte, hay que ir a Kenya

Además, para acercarse a la naturaleza también hay que pagar. Han montado un “turismo comunitario” y empieza a ser raro que por ser extranjero no te toque pagar por ver una cascada, acercarte a un lago o subir a una montaña. Vamos que no queda pues mucho por hacer por libre y por gratis, por eso nos quedamos más tiempo en la playa, descansando y nadando, que de momento no cobran.

No nos podíamos creer que por ir en un bus público de Arusha a Musoma, por una pista en mal estado que atraviesa el Serengeti y el Ngorongoro tuviéramos que pagar 110$ cada una, por ser extranjeras, es decir, hay que pagar las entrada a los parques como si fuésemos de safari privado! “Por supuesto, tienen que pagar”, nos dijo la funcionaria poco amablemente, “ese dinero es para preservar la naturaleza, los buses dañan las pista y además, si tienen suerte, pueden ver algunas zebras durante el trayecto”. Sin comentarios. Obviamente, cambiamos de ruta.

Con esa política gubernamental, estuvimos de buenas al atravesar el parque de Moremi en bus público y que no nos cobraran cuando vimos elefantes, ñús, impalas y zebras. Fueron los únicos animales salvajes que vimos en Tanzania, bueno y algún que otro pájaro y mono. Debe ser que al sur del país, donde te cruzas con muy pocos turistas, están más relajados y aún no cobran por ver, claro que los pobres animales deben de estar asustados de tanto tráfico pesado por esa carretera general hacia Dar Es Salaam.

Un paisano nos quería cobrar por tomar esta foto!!!
Tomar una foto también puede convertirse en un problema. Nos gusta tomar fotos de las calles, de los mercados, de las estaciones. Pero en Tanzania, a menudo nos gritaron e hicieron gestos de que no. La gente en los lugares turísticos está acostumbrada a que les paguen por posar, así que fotografiar personas no es fácil y si lo que quieres es captar un paisaje o una estación de bus, puede salir el avispado de turno para pedirte dinero. Un chico que trabaja con safaris no contó que ha visto a gringos dar a los Masais 50$ por una foto! Y por eso ahora lo habitual es que sean un espectáculo de pago.

Es normal que los locales piensen que todos los turistas son millonarios y tontos, porque a pesar de los precios y un servicio a menudo cuestionado, Tanzania sigue siendo uno de los países más visitados de África. Los locales ni se imaginan los precios de las entradas para extranjeros. Cierto es que también hay muchos parques y reservas con vida salvaje que no están masificados.

En toda el África funciona la economía informal, pero aquí además los ingresos de mucha gente se basan en las comisiones y las propinas, que pagan también los locales. Las tarifas de transporte incluyen casi siempre comisiones extras, para el muchacho que aunque no quieras se te pega para acompañarte hasta el bus, y como todos quieren el cliente, te rodean, te agarran del brazo y llega a ser agobiante. Las estaciones no son nada aburridas, pero pueden sacarte de quicio: gritos de vendedores, comisionistas, rebuscadores, taxistas, todos a la caza del viajero para llevarse una tajadita. A nosotras como nos gusta preguntar el precio antes en varios sitios, ignorábamos todo este alboroto y algunas veces terminábamos pagando incluso menos que la tarifa oficial.

Otra forma de obtener ingresos de los turistas es robando y ahí caímos redondas. Sonia, que entre más vieja más burra e ingenua, dejó dinero sin candar en la casa de un gringo de California y un chico local, haciendo Couchsurfing. Con la técnica de robar sólo la mitad para que el huésped no note nada, este par de sinvergüenzas nos hicieron pasar una noche de pesadilla. Por suerte nos dimos cuenta y recuperamos parte de los dólares después de una larga, tensa y agotadora discusión.

Pero no todo podía ser negativo, que si no, hubiésemos salido despavoridas del país.
Recorrer Tanzania es fácil y barato, todo está bastante organizado, las carreteras principales están asfaltadas, se ven colegios y dispensarios en cada pueblo y hay estaciones de autobuses con buena frecuencia y calidad del transporte. Y esto a lo largo y ancho de un país grande (Tanzania es similar a Colombia en superficie y población, cerca de un millón de km2 y 45 millones de habitantes).

Contrariamente a los países del sur de África, en Tanzania nunca faltan pequeños restaurantes locales, aunque la oferta se limita a arroz, fríjoles, espinacas y un trozo de carne o pescado. Los chapatis, samosas y demás panes tipo árabe o indio, también hacen parte de la dieta. Así como las brochetas asadas al carbón (bueno, aquí todo se cocina al carbón). Pero lo que más abunda son las montañas de patatas fritas. También les echan huevos batidos, son las “chips mayai”(“patatas huevo”), la versión tanzana de la tortilla española. Vamos, que en Tanzania en general no se pasa hambre y las mujeres son especialmente fuertes y corpulentas.

Comer es muy barato, los platos en general cuestan alrededor de 1 euro. Lo malo es la higiene, no siempre presente. Nuestras barrigas viajadas estuvieron resentidas pero aguantaron. Y es que a menudo cocinan en la calle, a ras de suelo, y mejor no ver lo que hacen las vacas, chivas y gatos cuando se acercan a los baldes donde “lavan” los platos. Sobrevivimos.

Tanzania es un país agrícola, tropical, con variedad de cultivos. No hay casi industria ni grandes centros comerciales o supermercados, sólo tienditas pequeñas y mercados locales. Puede que sea la herencia socialista aunque ya se ve construir algún shopping mall en Dar Es Salaam. Abundan mucho las carnicerías, con grandes piezas de vacuno colgadas, a veces secándose al sol pero sin moscas, y bastante cabra.  

Para el alojamiento no tuvimos que usar la tienda de camping. Tanzania es probablemente uno de los mejores países de África para encontrar habitación barata, limpia y segura. Casi siempre pagamos menos de 10 dólares, incluso a veces con desayuno y TV satelital. No hay pueblo sin algún hotel, ya que siempre hay mucha gente moviéndose por el país.  


Lo malo es que el alojamiento no siempre es tranquilo. Muchas veces el hotel tiene también bar o hay alguno cerca y les encanta tener música sonando fuerte hasta tarde. Se bebe bastante, sobre todo mucha cerveza (casi 1,5 euros por una botella de 50 cl) y bolsitas mono-dosis de trago fuerte. Sorprende ver muchos anuncios de las principales marcas locales en todo lado: Kilimanjaro, Serengeti, Safari, no han sido muy originales para los nombres. Y si hay fútbol, tienes la gritería garantizada, son unos apasionados.

El transporte es fácil y barato, aunque las distancias son largas y monótonas. A menudo estuvimos más de 6 horas sentadas en un bus, entretenidas con la música y video-clips tronando y siempre viendo gente al borde de las carreteras, pueblos, ganado, bicicletas, gente caminando. Hay transporte para todos los gustos, buses de todo tipo. Para las distancias cortas, furgonetas llamadas “dalla-dallas”, mototaxis que llaman “boda-boda”o “Piki-pikis” y tuctucs o “bajajis”.

En cada pueblo hay muchas compañías de transporte, la mayoría controladas por musulmanes, debe venir de la época de las caravanas de esclavos. Tanzania mantiene buenas relaciones con los árabes, la gasolina cuesta menos de 1$/l. Algunas carreteras tienen un tráfico impresionante de buses y camiones, y como en general son estrechas, el viaje casi nunca es relajado. Vimos decenas de accidentes por todo el país, muchos camiones en las cunetas con la carga volcada. Tanzania mueve mucha mercancía, por el puerto de Dar Es Salaam, también para los países vecinos, Zambia, Zimbabwe, Malawi, Rwanda, Burundi, etc.
Uno de los muchos accidentes de camiones
Por fortuna, no nos pasó nada en los más de 3.000 km recorridos de sur a norte del país. A los conductores de bus les gusta correr, ir a más de 100 km/h, confiados en que van bendecidos por Allah!. Como hay muchos periódicos, tipo amarillista y de deportes sobretodo, en uno de los corrillos que se forman para leer los titulares, nos enteramos que un choque entre un camión y un bus dejó 52 muertos. Nosotras pasamos por esa ruta unas semanas antes.  

Las ciudades africanas son meros lugares de paso y Tanzania no es la excepción.
Dar Es Salaam no tiene nada para ver pero por lo menos parece una ciudad.
En Moshi, tuvimos la suerte de ver el Kilimanjaro, aunque no nos pareció tan impresionante. Fue curioso ver desde la seca y calurosa llanura polvorienta, la montaña más alta de África, con su cumbre nevada de 5.890 m y sus fértiles y pobladas laderas tropicales.
Arusha, por donde pasan todos los turistas camino de los concurridos safaris del norte, es una ciudad fea, ruidosa, que se salva por el verdor de sus colinas al pie del imponente
Volcán Meru de más de 4.000 m.
Y Mwanza, aunque es la segunda ciudad de Tanzania, parece un pueblo enorme. La llaman la “rock city” por sus enormes piedras graníticas a orillas del inmenso Lago Victoria.

De curiosidad, contar que en casi todos los pueblos y ciudades vimos al menos un albino. África es el continente donde más casos hay y en Tanzania es especialmente significante. Duro ser albino en un continente de gentes negras! Repudiados, considerados de mal augurio, vimos campañas en la televisión para sacarlos de la exclusión y marginación.

 Sabana típica (izq.) y Lago Victoria en Mwanza

Y no podemos dejar de mencionar otra vez a los Masais. Aunque en la crónica de Zanzíbar quedaron como “gigolos” de playa, hay que decir que es una de las pocas tribus de África que mantienen sus tradiciones, vestimentas e intentan seguir viviendo al margen del sistema. Desde la ventana de los buses vimos a muchos de ellos pastoreando con sus rebaños, sobre todo en la zona norte al oeste del Kilimanjaro, zona árida y dura, viviendo en sus poblados de casitas circulares. También en las zonas urbanas más grandes, coincidimos con algunos masais trabajando como guardas de seguridad. Tienen fama de honestos y aguantadores, capaces de vivir en la intemperie y en condiciones límite sin apenas comer. Aunque como es de suponer, no le hacen asco a una vida menos dura y muchos intentan sacar partido del sector turístico.

Aunque lo pasamos bien en Tanzania, el país no nos ha parecido especialmente bonito. Mucha zona plana y seca en general, cultivos enormes de sisal y aloe vera hacia la costa, de maíz y girasol en el interior. Un país polvoriento, descuidado y sucio en casi todo lado. Ciudades y pueblos ruidosos. Y aunque es famoso y tiene atractivos para el turismo internacional, a nosotras no nos impresionó tanto.

Diferentes versiones de Zanzibar.



Febrero del 2015


Zanzíbar es una isla de Tanzania, en el Océano Índico, frente a la costa norte del país. Aquí hemos estado 3 semanas, descansando en la playa y sorprendiéndonos por lo que vimos a diario. Hay Zanzíbar para todos los gustos, así que os contamos algunas versiones de lo que te puedes encontrar si vienes por esta parte del mundo.



   Versión de los turistas italianos  

Llevamos viniendo a la isla africana por vacaciones, desde hace 20 años. Es perfecto, clima tropical durante nuestro invierno y sobretodo no necesitamos saber inglés ni swahili porque muchos locales hablan italiano. Y como los dueños de los hoteles son de nuestro país saben perfectamente lo que nos gusta, comida y actividades. Es como estar en casa.

Las playas de Zanzíbar, como Nungwi o Kiwenga, son principalmente, enclaves turísticos italianos desde hace muchos años. Lo mismo en la costa de Kenya, junto a Mombasa. Grandes resorts que llaman Clubs, instalaciones que ofrecen paquetes todo incluido.

¿Por qué tanto italiano? Nadie ha sabido contestarnos, cierto es que no preguntamos a los propios italianos. ¿Será lavado de dinero de la mafia, construyendo estos enormes hoteles?
Lo triste es que con todo el dinero que hacen ya podían pagar mejor al staff. Nos contaron que los salarios son malos; una limpiadora no gana ni 100 $ al mes.

  Versión de mujeres maduras italianas  

¿Racista yo? ¿Turismo sexual? ¿Miedo al sida? No, no, para nada.
Si voy a Zanzíbar es para conocer en profundidad las costumbres de los Masais, esa tribu de negritos guapos, tan exóticos, que  venden artesanías.
Y ya sabes, las italianas somos muy románticas, il amore! Paseando por la playa de la mano viendo el  atardecer, ay!

Pues sí, Masais es lo que menos esperábamos encontrar en las playas de Zanzíbar. Esta famosa tribu de pastores es de tierra adentro, de la zona del Kilimanjaro, entre Tanzania y Kenya. Supuestamente le tienen miedo al mar, asustados incluso de la travesía en ferry desde Dar Es Salaam (tan sólo unas dos o tres horas), pero “business is business” y han encontrado en Zanzíbar nuevo ganado que cuidar. Los Masais tienen libre entrada en todos los resorts, los dueños saben que este exotismo gusta a la clientela.
Entre contentar a las italianas y otras turistas, venta de artesanía y bailes en los resorts,  tienen una buena fuente de ingresos y les compensa el viaje y la travesía.

  Versión de turistas en tour por Tanzania  

¡Uaooo, una pasada África! Primero el safari de 3 días, por el Serengeti y el Ngorongoro, vimos todos los animales, el guía buenísimo. Al avión y aquí estamos en el paraíso tropical. Y como nos encantan los tours contratamos el de snorkeling, el del jardín de las especies, el de los monos en vías de extinción, el del atardecer con fiesta a bordo del velero y el nadar con delfines o con tortugas. Vamos, que con tanta actividad casi no nos ha quedado tiempo para relajarnos en la playa, pero hay que hacerlo todo aunque sólo tengamos 3 días, que para eso hemos venido tan lejos.

Con tanto tour organizado y tan poco tiempo libre, la mayoría de turistas ni se enteran que en Zanzibar hay población local, mayoritariamente musulmana, pescadores, vacas, que casi no quedan árboles ni palmeras y que la isla está llena de basura desde la puerta trasera de los hoteles. Tampoco se dan cuenta que las mareas son tan fuertes, que no hay muchas zonas aptas para bañarse a lo largo del litoral de Zanzibar, y se quedan con la imagen de las arenas blancas y el mar turquesa. 

  Versión de jóvenes voluntarios en África 

África es tan pobre que hemos venido unos meses de voluntariado a Tanzania para ayudar en proyectos de ONG`s. Es lo mejor que hemos hecho en la vida. Ver la cara de agradecimiento de la gente cuando les damos algo de comer y les regalamos ropa usada, compensa las incomodidades que pasamos. Antes de irnos a casa, aprovechamos para ir de safari y venir a Zanzíbar, descanso merecido. Otros voluntarios nos recomendaron un hotelito y algún restaurante local, que Zanzíbar está cara, y con lo que nos cobraron por venir a colaborar en la ONG ya no tenemos mucho dinero para gastar haciendo turismo.

Hemos visto muchos voluntarios jóvenes, europeos y americanos, también algún asiático, especialmente chicas de menos de 25 años, que se toman un descanso en Zanzíbar. Estos chicos son de los pocos que hemos visto viajando sin tours, hay poco turismo independiente por África.
Muchos jóvenes vienen a trabajar en proyectos como voluntarios, sin recibir un sueldo a cambio, y es usual que encima les toque pagar, hasta 30$ al día. Además necesitan un  visado especial de voluntarios.

  Versión de los “Beach Boys”  

Karibu Zanzibar, my friend, hakuna matata. Snorkeling tomorrow? Hakuna matata, maybe sunset cruise? Airport transfer? Hakuna matata. Hola hombre, hola hola coca-cola, akuna matata, todo “bene”.  Everything´s OK? Hakuna matata, “Maria” maybe? “Bella”! Hakuna matata.
 Si los turistas me dicen que no,  insistiré de nuevo porque a lo mejor han cambiado de opinión.
Y si alguno me da conversa le cuento que estos masais son “fake”(falsos), que se disfrazan para vender y gustar a los turistas. Nos han quitado el protagonismo en las playas.

Estos chicos de playa viven de las comisiones por vender tours, droga y todo lo que les pidas. Van con sus gafas de sol, camisetas y pantalonetas surferas, smart-phones, modernos, abiertos a todo. La mayoría son del “mainland”, de la Tanzania continental, en busca del dinero fácil de los turistas. En segundos pueden pasan de simpáticos a molestos por su insistencia o por el olor que emanan (los masais también), sobre todo tras los partidos de fútbol que juegan en la playa.

Aunque Zanzíbar es una isla donde casi todos son musulmanes, conviven dos mundos diferentes: el frente de la playa, con este ambiente cada vez más relajado y tolerante, con cuerpos en bikini; y las calles traseras de estas zonas turísticas o el interior de la isla, donde está la vida sencilla de la gente local y las mujeres van tapadas de pies a cabeza con sus coloridas telas y excepcionalmente con trajes negros.

Nota: “Hakuna Matata” significa “no hay problema” en swahili. En otras zonas de Tanzania, no escuchamos  a la población local decir estas palabras, ellos no utilizan esta expresión.

  Versión de los pescadores locales 

Aquí en Page vivíamos tranquilos, con nuestras granjas de algas y la pesca diaria,  pero desde hace pocos años ha aparecido toda esta gente, con sus cometas haciendo kite-surf. Por suerte, no salen a volar con marea baja, que es cuando trabajamos, así que no nos molestan tanto.
Cuando el mar se retira, cogemos algas, ostras y almejas, cerca de la playa, sobretodo las mujeres y juntos vamos  con barquitas hasta el arrecife por pulpos y pescados.

Así es Page, tiene la sencilla vida tropical de los pescadores, junto a los turistas y las cometas, en unas playas con arena increíblemente blanca y fina, mar turquesa, con una luz intensa, y cuando se retira la marea hasta el arrecife parece un salar.
¿Qué pensaran los locales al ver a los turistas, todo el día paseando, tomando el sol, gastando decenas de US$ en una habitación, kite-surf, submarinismo y actividades?

  Versión de los mercaderes Árabes de Zanzíbar Town  


Seguimos con nuestras tiendas y mercados, herencia de los antepasados árabes que desde hace siglos comerciaban con especies,  telas, joyas, y sobre todo el tráfico de esclavos. En Zanzíbar y en la costa de Kenya y Tanzania.
¿Ven las casas de varios pisos y las puertas de madera tan trabajadas? Es que hubo aquí mucho dinero, sobre todo cuando Zanzíbar fue capital del sultanato de Omán. Ahora algunas de estas casas están decrépitas, pero otras las hemos vendido para que hagan boutique-hoteles.
Bueno, los dejo que  me voy a la mezquita, Salam malekum!

Zanzíbar tiene un ambiente especial debido a toda esa herencia árabe y a la mezcla de culturas, africana, india y colonial. Pasear por las calles de Stone Town, la capital, es transportarse a una medina árabe, con sus callejones estrechos, los comerciantes, la vestimenta, el ambiente de barrio.

Antiguamente los árabes eran los dueños y señores, hasta que llegó el colonialismo británico, y acabado éste, hubo revueltas, la isla quiso ser independiente, pero finalmente, los políticos unieron Tanganika y Zanzíbar bajo el nombre de Tanzania.
Fue curioso desayunar con jeques árabes, bueno, con sus fotos. Es que cuando compras pan, te los envuelven en periódicos de Omán o los Emiratos. También la salsa de tomate, la leche y otros productos, vienen de estos países, cuando la costa de Tanzania está a una decena de km.

  Versión de los viajeros de largo recorrido por África y el mundo 

¿Esta es la famosa Zanzíbar? Baaah, nosotros que hemos viajado tanto por el mundo y visto playas espectaculares, pues no nos parece que es para tanto. Vale, no está mal, la arena es muy blanca y el color del mar es bonito. Pero, ¿y las mareas, las algas, las medusas, pocas palmeras, la basura? Vaya paraíso.
Menos mal somos campeones para conseguir donde comer y dormir barato, así es que nos quedamos más días de los previstos, descansando de las largas horas en bus y de  las anodinas ciudades africanas. Además, no gastamos casi, porque de momento es gratis respirar la brisa del mar, pasear por la playa, nadar y no hacer nada en  todo el día.

Conocimos varios viajeros que estábamos en las mismas, relajándonos después de varios meses o semanas de recorrido por África. Todos queríamos ver la famosa isla del Índico, fácilmente accesible desde Dar Es Salaam por ferry, aunque los extranjeros tenemos que pagar la tarifa VIP, que cuesta más del doble (20$/trayecto).

Pagamos entre 10 y 15 euros la noche por una habitación, tras negociar duro, en una isla donde los precios están desorbitados, en dólares, con tanto tour organizado y resorts internacionales. Para comer siempre están los puestos o restaurantes sencillos, regentados por una mama gorda, baratos (con precios en shillings, la moneda local de Tanzania). Es mejor no mirar las cocinas, con unas condiciones higiénicas que hicieron que nuestras barrigas, tan viajadas y resistentes, se resintieran algunos días. No pagamos taxi, nos movimos en  “dala-dala” (minibuses) que conectan por 1 euro la “town” y las playas en menos de 1h30.

Fue curioso que coincidimos un grupo de Latinos en Page. Un español que lleva 5 años de vuelta al mundo, un argentino que salió hace casi dos años, un peruano que pasaporte en mano salió hace años de su tierra para visitar el planeta…y nosotras. No callamos en varios días.

Y si pasas por Zanzíbar, “Hakuna Matata”, no dejes de contarnos tu propia versión.