Una experiencia inolvidable en Uganda.



Abril del 2015
La variedad de paisajes, con volcanes, lagos, sabanas, colinas y altas montañas; la simpatía de sus gentes y la alegría  de los niños al vernos; el poder disfrutar de la vida salvaje caminando por libre y la emoción de  volver a ver animales; todo ello ha hecho que Uganda, un país rural 100% africano, sea nuestro favorito del Este del continente.


Os dejamos con algunos episodios que hicieron entretenido nuestro recorrido de un mes por este país.

La peor cara de África: ¿ficción o realidad?

- “Stop. Hands up !”(“Alto. ¡Arriba las manos!”)
Sonia, con sonrisa incrédula, mira a Ainara.  - “Es una broma, ¿no?”
- “Pero no ves que nos está apuntando. ¡Levanta las manos! ¡Rápido!”
El hombre, con camiseta del equipo nacional de fútbol de Uganda nos seguía apuntando con su fusil. A su lado, bajo la garita, hay dos mujeres.
- “Take off  shoes, hut, sunglasses, bag!”(“¡quítense zapatos, sombrero, gafas, bolso!”).
Sonia, ya sin sonrisa alguna, y Ainara cada vez más nerviosa.
- “No puede ser, seguro que el tipo debe estar bromeando.”
- “Que no, que es en serio. No ves que sigue apuntándonos. ¡Haz lo que dice!”
- “Lay down!” (“¡Tírense al suelo!”)
Las dos nos miramos a la cara, ante esta increíble situación. “¡El tipo está loco!”
- “Sorry, but we don´t understand”. (“Disculpe, pero no entendemos”).
Claro que entendimos, pero no estábamos dispuestas a tirarnos al suelo.
- “Down!”(“¡Abajo!”).
- “What happened? We are tourists.” (“¿Qué pasa? Somos turistas”).
- “You are arrested, you can be terrorists. Come here!” (“Están arrestadas, pueden ser terroristas. ¡Vengan aquí!”).

Y ahí estábamos, delante de la entrada del Queen Elizabeth National Park, en calcetines, con las manos en alto, junto a la garita de control, con el tipo armado apuntando. No nos podíamos creer lo que estaba pasando.
La mujer con vestido, igual de prepotente que el loco, nos requisó, mientras la otra con uniforme de policía permanecía sin decir ni hacer nada.

No nos dieron explicación alguna sobre que iban a hacer con nosotras, simplemente dijeron que había alerta terrorista, que éramos sospechosas, que habían leyes para ser cumplidas, que no se podía caminar por allí y que habían animales peligrosos.
El dia anterior vimos animales muy cerca
Argumentamos que este trato no era normal. Estábamos simplemente caminando por los acantilados junto al río y al ver un tejado nos acercamos. Que por llegar caminando y no en tour organizado de safari, no era razón para que nos trataran así.

Al tipo se le fue bajando su arrogancia mientras efectuaba varias llamadas telefónicas y nos dejó de apuntar sobre todo al ver que venían coches con turistas. Aprovechamos para contarles a los extranjeros lo que nos estaba pasando, para que por favor estuviesen pendientes si escuchaban algo de dos turistas españolas. Sus caras de asombro se sumaron a las nuestras.

Se suponía que estábamos arrestadas y debíamos esperar a no sabemos quien para que nos llevara con el director del parque.
La noche anterior habíamos visto la película de Hollywood “El último Rey de Escocia”, sobre Idi Amin, el presidente que tuvo Uganda en la década de los 70, años en los que hubo desapariciones y torturas (dicen que 300.000 personas murieron), y la comunidad india fue forzada a marcharse con lo puesto.
Así es que nos sentimos como protagonistas de la película, atravesando la calle principal del pueblo en la parte trasera de una camioneta pick-up verde, escoltadas por dos tipos uniformados y bien armados.

Nos llevaron a la oficina del parque nacional, a unos kilómetros del control de entrada. Aunque Ainara estaba muy cabreada, optamos por la estrategia de parecer las reinas de la simpatía y la diplomacia, cuando nos vimos en un despacho delante de cinco funcionarios y del gran jefe, casi todos con uniformes militares.
Nos pidieron los pasaportes (es lo primero que tenían que haber hecho el loco y las dos mujeres). El gran jefe enseguida vio que llevábamos varios meses viajando por África, nos hicieron preguntas. Pudimos dar nuestra versión de los hechos: que no había ninguna señal en la zona que indicara peligro o prohibición de pasar, ni tan siquiera de estar en el parque nacional, sólo habían señales de “safari lodges”; que en Katunguru, el pueblo cercano donde nos alojamos, ni la gente ni los policías con los que hablamos en el puerto nos advirtieron de nada.

Puerto de pescadores en Katunguro
Nos quejamos del trato recibido, recalcando que era la primera vez en estos meses por el continente que nos pasaba algo así. Que eso no era nada bueno para el turismo por Uganda.
Los tipos fueron correctos, se disculparon, pero siempre insistieron en que cometimos un error caminando por la zona, que las normas en África eran diferentes y no hacían falta letreros, ya que TODO, incluyendo el pueblo y la carretera principal, eran parque nacional. Que había alerta terrorista por un atentado en la vecina Kenya, y para añadir tensión, el inestable Congo sólo queda a unos kilómetros. Que podían hacernos pagar la entrada al parque (40 $) y una multa, pero si nos disculpábamos todo quedaría solucionado. No tenía sentido discutir, así que dijimos “Sorry, we apologise” (“perdón, nos disculpamos”) y nos hicieron firmar el libro de visitantes, como si nada hubiese pasado. Y nos pusimos a hablar de fútbol.

Nos llevaran de regreso, esta vez sin escolta armada. Otra vez todo el pueblo vio como nos bajamos de la camioneta verde frente a nuestro hotel. Nadie se atrevió a preguntar nada de forma directa. “How was your day?” (“¿Qué tal el día?”). No dijimos nada, por si habían espías alrededor, que Uganda está en alerta.

Vivimos la peor cara del África por unas horas. Cierto que en esta parte central del continente la atmósfera es algo pesada, lo notamos en Rwanda, con mucha policía armada, y en Uganda, con campamentos de refugiados, coches de Naciones Unidas, algunos camiones militares cerca del Congo. Además, el presidente actual lleva 30 años gobernando y la gente no anda muy contenta.

Ccentro del pueblo. Por aqui pasamos escoltadas por rangers
¿Cómo pudo cambiar todo tan rápido? El día anterior habíamos estado caminando por la otra orilla del canal de Kazinga, cerca del pueblo. Desde el puente y el puerto de pescadores habíamos visto niños bañándose junto a los hipopótamos, y a lo lejos elefantes y búfalos, así que nos acercamos. Es una zona con población y varios alojamientos caros, donde los animales están ahí mismo, conviviendo con la gente y nadie, ni habitantes ni empleados nos alertaron de problemas de seguridad, por lo que allá estábamos en la orilla, Ainara algo nerviosa y Sonia feliz a metros de los animales.

Así son las cosas, si a cualquier loco le das un fusil, se creerá Rambo con autoridad para hacer lo que le viene en gana y si da la casualidad que te cruzas en su camino puedes llegar a sentir lo vulnerable que eres cuando te están apuntando. Pero si te pasa en Uganda, un país con gente tan amigable que te hace sentir bien en todo momento, puedes pensar que es una broma, que esas cosas no pasan en el 2015 y que todo ha sido una historia de ficción. Por eso, la gente local a la que le contamos lo sucedido no se lo podía creer, nunca habían escuchado algo semejante y todos se disculpaban avergonzados.

“Have you produced?” (“¿Has producido?”).

La vida sin niños es inconcebible en África, hay mucho sentimiento de comunidad y en Uganda se lo toman en serio, así que la media es de 5 hijos, según lo que vimos.

Hablando con los adultos, casi todos nos preguntaban lo mismo, “have you produced?” (¿has producido?). La primera vez no entendimos bien a lo que se referían, ¿qué si producimos?, pero ¿producir qué? Simplemente querían saber si teníamos hijos y por supuesto se asombraban cuando les decíamos que no. “Why?” (“¿Por qué?”).

Paseando por los pueblos de Uganda, los niños fueron los protagonistas. Tienen un detector especial de Mzungu (persona blanca en swahili). A metros de distancia oyes las vocecitas emocionadas de los niños gritando: “mzungu, mzungu, hello, jauayu!”.  Te encuentras críos en todos lados, jugando delante de sus casas, en los campos, o caminando kilómetros para ir al colegio o  recoger agua en los pozos.


Los más lanzados se acercan a darte la mano, los tímidos saludan de lejos sin atreverse a más, muchos pequeñines se ponen a llorar asustados al ver a Ainara (ventajas de Sonia al ser morena). Todos con sus caritas sonrientes, realmente lindos y encantadores. Cualquier monería que haces, ruiditos, gestos, canciones y ya están felices, riendo a carcajadas. Y ni que decir cuando les dejas la cámara para que saquen fotos, de los nervios y la emoción no saben qué hacer. O cuando les dejamos los prismáticos, aún no sabemos si podían enfocar algo o no, pero disfrutaron mucho.
Si estas en zona turística lo usual es que también te pidan un caramelo o dinero. Una pena, es a lo que los han acostumbrado los mzungus.

Uganda es un país rural donde muchas familias tienen un pequeño pedazo de tierra cultivable. Parece un “patchwork” de huertas. Millones de plataneros, maíz, frutales, patatas, café…Y algunos tienen su cabras y vacas, incluyendo las famosas Ankole de cuernos enormes. Los terrenos son fértiles y permiten a la gente ser autosuficiente y la comida abunda.

Niños con ropas usadas por varias generaciones, rotas, a menudo descalzos, con tripitas hinchadas, pero niños sanos y alegres.

La vida es muy sencilla y el trabajo, sobre todo de las mujeres, es duro, todo el día “digging” (removiendo la tierra). Los niños al salir del colegio (los hay en todos los pueblos), juegan, se divierten pero también tienen que cargar el agua, por lo que ves un trajín de garrafas amarillas en cualquier lado. El tamaño del container depende de la edad del niño, si es un bebé va con una vasijita de un litro y los mayores cargan hasta 20 litros, da igual si es niño o niña. Increíble como pueden llevar tanta carga. A muchos también les toca sacar a pastar o a beber a las chivas, amarradas con una cuerda como otros niños en el mundo pasean a su perro por el parque.

Unos días en un orfanato.

-         “¿Cómo será el Pastor Bosco? Llegará en un todo-terreno reluciente, como todos los de las ONG´s?
-         Ni idea, pero si llega en un coche viejo por lo menos será alguien consecuente.
-         Incumplido si que es, llevamos casi una hora esperando.
-         Es el Africa time. Además, ¿quién nos manda a meternos en estos jaleos?
-         No nos podemos ir de África sin ver de cerca un orfanato. Además el tipo pinta interesante, y nos ha aceptado e invitado.
-         Entonces no te quejes, recuerda dónde estás y llénate de paciencia”.

Gracias a Couchsurfing habíamos contactado con el ahora Obispo Bosco, quien además de una iglesia, tiene un camping, un orfanato, y aloja a viajeros que pasan por la zona de los Crater Lakes (lagos cráter), al suroeste de Uganda.
No teníamos claro en cuál de sus sitios dormiríamos, ya que los viajeros en sus referencias no lo explicaban, aunque casi todos mencionaban a los niños y el orfanato. Quisimos conocer cómo era la vida de este tipo de personajes que abundan por África.

Con el pastor Bosco en el Lago Nkuruba
Llegó tarde, en un Toyota viejo y polvoriento, con un chico que nos presentó como su hijo. Poco arreglado y aseado, con el típico olor y estilo rural africanos. Nos llevó a su casa, nos presentó a su esposa y nos brindó gran hospitalidad, no sólo alojándonos gratis en una habitación de su casa por 3 noches (insistiendo en que nos quedáramos más), sino además ofreciéndonos comida al estilo de Uganda, es decir matoke (puré de plátano) y arroz acompañados con carne en salsa o guiso de patatas o fríjoles. Y rolex, panes planos enrollados con tortilla y vegetales. Le estamos muy agradecidas.

Pero como ha sido usual con los hosts locales que hemos tenido en África, aprovechan la hospitalidad para a cada momento intentar llegarte al bolsillo ya sea inspirándote lástima, solidaridad, caridad o complejos. Da igual, la idea básica es que ellos son pobres, tú eres rico y por tanto tienes  que ayudar con dinero para sus proyectos.

Tuvimos interesantes conversaciones con él sobre África, el mundo, y claro está, sobre sus proyectos que sonaban más de lo que pudimos ver. Resultó que su casa era el orfanato y niños sí que vimos, porque nuestro anfitrión tiene 6 hijos, pero los huérfanos eran los chavales que cuidaban del ganado y unas chicas que se pasaban el día cocinando y lavando.
Tampoco vimos fieles acudir a su iglesia que queda frente a la casa, pero es que no esperamos hasta el domingo, cuando se supone era el día del servicio. Lo que si vimos en marcha pero sin huéspedes, fue el camping, al borde del lago Nyakuruba, un bello lugar con unos monos muy diferentes.

Paisaje y fauna en la zona de Crater Lakes

Esto de los huérfanos es lo que hemos visto en cada casa de africanos que nos han acogido en Malawi, Tanzania, Rwanda y en Uganda no iba a ser excepción. Son niños que acogen las familias y los ponen a trabajar en labores domésticas, disponibles 24 horas, a veces a cambio sólo de alojamiento y comida.  

Los huérfanos además no son un problema en África por el gran sentimiento de comunidad, siempre habrá alguien que se hará cargo de ellos.  Y cuentan que en el Africa central, durante las guerras, algunas madres han preferido dar sus bebés a los monos (¿a qué te suena a la historia de Tarzan?).

Hay gente que se lo monta bien y logra financiación internacional, para orfanatos, iglesias, grupos de mujeres, viudas, enfermos de sida, etc. Es lo que han aprendido de las ONGs internacionales, por lo que los letreros con proyectos de este tipo abundan en toda Uganda.
Es el África del rebusque, cada uno hace lo que puede.

El nacimiento del Nilo en la Perla de Africa

Se supone que aquí nace el río Nilo
No sabemos bien porque los británicos querían que Uganda fuera un país especial. Posiblemente por su ubicación central en el continente (así hoy en día en la capital Kampala hay una base aérea de Naciones Unidas), por la cercanía al Congo de riquezas infinitas, por la variedad de sus tierras y climas, por la vida salvaje numerosísima que vagaba por sus sabanas (al parque más famoso le pusieron “Queen Elizabeth” nada más y nada menos). Y sin olvidarnos de los gorilas, que aún quedan en los volcanes del sur, pero ni el descuento especial por temporada de lluvia de 600 a 350$/persona nos pudo convencer.

La cosa es que llamaron a Uganda la “Perla de África”, y es cierto que el país es más bello y completo que la media africana.

También en su afán de exploración total del continente, dictaminaron que el Nilo (al menos el llamado “blanco”) nacía en Uganda, en Jinja en la desembocadura del Lago Victoria. Pobre río mítico, hoy sus primeras orillas ven industrias cerveceras (la más famosa se llama Nile) y azucareras junto con represas hidroeléctricas. Nos sorprendió ver mucha industria entre Jinja y Kampala.

Cascada Sipi
En cualquier pueblo incluso el más pequeño nunca faltan el campo de fútbol, el “videohall” para la ver los partidos (conexión satelital con la Premier League inglesa) y ruidosos “pubs”. No sabemos exactamente de donde vendrán estas aficiones.

Los Ugandeses son alegres, siempre nos acogieron con una sonrisa, notamos la diferencia respecto a otros países de esta región del continente. Viven felices, con su vida sencilla, ajenos a los entresijos del poder y de las autoridades, la corrupción y los intereses internacionales. 

Y como los viajeros nos sentimos tan bien aquí, Uganda es una perla, no sabemos si de todo el continente, pero sí del Este de África.

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