CRONICA PARAGUAY



Diciembre 2015

Paraguay es el gran desconocido de Sudamérica. Sí, ¿qué conoces de él? Como mucho el nombre de la capital, Asunción, y que se habla el guaraní.

¿Es pequeño? Pues, no, la verdad es que es casi tan grande como España, pero queda eclipsado por sus enormes vecinos Brasil, Argentina y Bolivia. Y son sólo 7 millones de Paraguayos, un país muy despoblado. Sus habitantes siempre te recuerdan y repiten (aprendieron bien la lección de historia en el colegio) que fue mucho mayor pero que tras las guerras de la Triple Alianza y del Chaco con los países limítrofes quedaron reducidos. Un sentimiento muy nacionalista.

Pero sin duda lo primero que te llamará la atención en Paraguay es que casi todos caminan con un termo grande en la mano y que sorben tereré a toda hora, una bebida helada con yerba mate y otras aromáticas. Bonitos termos y vasos, forrados y decorados, personalizados.
Y es que el tereré es el pilar de la vida paraguaya. Un arbol con un pasto bien cuidado, unas sillas mirando a la carretera y el tereré, así se socializa y se ve pasar la vida. En este tranquilo país, donde a la gente no le gusta mucho salir de casa.


La segunda particularidad es que todos hablan guaraní, no sólo los indígenas que quedan (muy pocos, venidos hace siglos de la Amazonía, viven muy al margen del sistema), sino que toda la población habla guaraní. Una lengua con bonitas palabras pero que suena en conjunto rara. ¿Por qué sólo en Paraguay se ha mantenido una lengua original de América? Ni ellos mismos saben responder. Puede que fueran los jesuitas que formaron misiones por la parte sur aunque impusieron la religión acá dejaron que los nativos conservaran esta lengua y se mantiene como símbolo de identidad nacional de los Paraguayos. Lo cierto es que las palabras guaranís se encuentran en la toponimia de lugares tan lejanos como Bahia a Uruguay.

¿Pero que vinieron a hacer al Paraguay? Pues la verdad es que no hay mucho para hacer, casi no hay turismo. Paisajes monótonos, tierras planas, verdes con cientos de palmas. Inmensos campos (la soja es una de las mayores exportaciones) y fincas ganaderas. Una agricultura muy tecnificada, vimos muchos anuncios de pesticidas y fertilizantes.
Como repite la gente, Paraguay es Asunción y el resto, que es “el campo”.
Pueblos tranquilos, calles vacías sobre todo bajo el sol caliente y la hora de la siesta, caminos polvorientos de tierra roja. No pasa gran cosa. Además el Paraguayo no es muy curioso, se conforma con una vida sencilla.
Y como es un país conservador con fuerte corriente católica, es difícil que pasen muchas cosas nuevas. El machismo es fuerte. Como nos contaba una coreana que nos recibió en su casa, las mujeres no beben una cerveza si no está su marido… salvo excepciones…
 País cerrado durante años, por una dictadura de las más largas de América con Stroessner. Sigue existiendo mucho el amiguismo, bueno, los paraguayos dicen que son “solidarios” y que son “comunidad”. Y la corrupción en el poder es bastante generalizada.
La verdad es que Asunción, la capital, es rara, vacía, sin vida, sólo funcionarios, y algunos barrios con mansiones no dejan de sorprender. Dicen que hay muchos judios y nazis que se instalaron por aquí.


Comenzamos a recorrer hacia el norte, pero las distancias no son tan pequeñas, no hay grandes motivos que justifiquen ir tan lejos. Además los buses son bastante viejos y destartalados y el transporte local ha sido anulado (hay mucho abandono público), todos andan ahora en moto.
Así es que acortamos la ruta, ni llegamos a las comunidades menonitas del oeste lejano (de origen alemán, llegaron hace casi un siglo, montaron granjas y cooperativas lecheras, hoy controlan el mercado).


Los pocos hoteles que hay son bastante cutres. Aún recordamos la señora pulverizando ambientador antes de mostrarnos la habitación. Un desastre. Menos mal conseguimos un par de hosts de couchsurfing (la comunidad es super limitada) y dimos con una señora que alquilaba cuartos limpios y baratos en Asunción.

En cuanto a la oferta gastronómica, para tener contento y con energías al viajero, pues es super limitada.
Nunca faltan vendedores de “chipas” y chiperías, panes secos de mandioca y queso. Vendedores en los buses y terminales, “tengo milanesa!”, sencillos “copetines” donde picar empanadas y croquetas, y lomiterías (a los “kebabs” les dicen “lomitos árabes”) y la solución práctica para los viajeros, las pollerías (un pollo asado cuesta 4 €). Así es que ya imaginareis nuestra dieta.
Nos quedamos sin probar el asado, típico en familia los domingos. Aunque es difícil que un paraguayo te invite, son educados pero les cuesta ser simpaticos y socializar con el extranjero.

La vida es realmente barata en Paraguay. La carne también. Muchos productos a granel. Por eso, los paraguayos viven tranquilos y sin grandes preocupaciones.
Eso sí, les gusta quemar pólvora, cualquier ocasión es buena. Y escuchar vallenato (raro, esta música colombiana por acá… habrá sida importada por las grandes rutas del narcotráfico que pasan por Paraguay?).

En resumen, Paraguay, un país diferente, raro, donde la vida sigue, a sorbo de tereré. Si andas en ruta por Sudamérica y dispones de tiempo, siempre puedes acercarte.


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