CRONICA CRUCERO TRANSATLANTICO



 Noviembre 2015
Oi  Bom dia!
Estamos en Brasil. Felices de regresar al país alegre, tropical, de lindas gentes, donde el viajero se siente bien. Esta vez conociendo una pequeña parte del Nordeste, en Bahia, alrededores de Salvador.
Han sido días intensos aunque relajados desde que salimos de Irun hace 3 semanas.
Quien iba a decirnos que cruzaríamos el Atlántico en un crucero, de esos tipo "vacaciones en el mar" ("el crucero del amor" en América). Fue interesante poder disfrutar de este tipo de viaje por 150 € por persona, de Las Palmas-Canarias a Salvador de Bahia en Brasil. 8 días de navegación en "actitud sociológica", viendo como hay gente que se dedica a comer y beber todo el día, derroche y excesos por todos lados, mejor dicho, el típico modelo gringo de consumo turístico. Lo atípico fue que íbamos bastante mochileros, algunos hippies, así que el recorrido no fue nada aburrido y no nos tocó remar!
Y como la vida es cuestión de casualidades y la suerte nos acompaña, en Las Palmas viven Fernando y Alfredo, los amigos nos recibieron con los brazos abiertos y nos sentimos como en casa. Nuestros anfitriones nos mostraron Gran Canaria, una isla volcánica de paisajes tormentosos. Incluso subimos a las montañas (casi alcanzan 2.000 m) y disfrutamos de las vistas. El sol salió y fuimos juntos de playa, nos bañamos, nos reimos.

Descubrimos las dunas más diferentes de Europa, Maspalomas, territorio naturista y libre, un imán para extranjeros, en este clima delicioso todo el año (en Gran Canaria, una isla de 50 km de diámetro, hay medio millón de camas hoteleras!).

Unos días estupendos antes de embarcar. Muchas gracias a Fernando y Alfredo! Tan queridos!

Así de felices embarcábamos el 28 de octubre en Las Palmas en el barco Empress de Pullmantur rumbo a Salvador.

A pesar del super precio, fue un crucero con todos los servicios habituales pero sin el agobio de un crucero lleno, íbamos sólo la cuarta parte de capacidad (menos de 600 pasajeros y casi 700 tripulantes) y sin escalas.
El personal demasiado servicial, tipo hotel 5 estrellas, al que no estamos acostumbradas ni nos gusta ya que viajamos sin estrellas. Vamos que protestamos porque nos cambiaban las toallas 2 veces al día, y no sólo querían cambiarte sábanas sino incluso en la noche te preparaban la cama, un despropósito.
Toneladas de comida, durante el día. Aunque nosotras con el meneíto del barco la comida y bebida no nos entraba igual. No faltaba de nada pero siempre encontrabas gente quejándose, sobre todo españoles... que si mi tortilla, que si mi paella me quedan mejor.

Para que os hagais una idea de los excesos a los que puede llegar el ser humano, fue impresionante ver cómo después de estar comiendo todo el día, dos horas después de la cena, se montó cola a las 23:30 para el buffet especial de frutas y tartas. O cómo hay gente que compra palomitas ("pop corn") a 2 € para entrar al teatro. Una locura!

La tripulación, siempre atenta y educada, no come lo mismo, faltaría más, todo va a juego con este modelo excluyente y jerárquico. Como la mayoría son indonesios y filipinos, la comida es especiada, así que a los colombianos y latinos no les gusta. Por cierto, no pudimos saber mucho de los estresijos de su trabajo, y es que por reglamentación tienen prohíbido hablar con los pasajeros.

En cuanto al alcohol, litros y litros por los diferentes bares estratégicamente situados. Pero necesitas pulserita para que sea un todo incluido al completo y con nuestra promoción no venía incluida. Pero mucha gente paga 15 y hasta 30 € al día (plus o premium) para beber todo y más. Sin palabras! Hay público para todo. Aunque también puedes comprar sólo una cerveza por ejemplo, por 2 €. O el que no tenía pulserita hacía amigos con brazalete, y a beber!

Conocimos expertos cruceristas, que repiten todos los años o hacen varios al año. "Yo, llevo ya 26 cruceros! El próximo será la vuelta al mundo!". Aunque en este crucero especial íbamos mucho novato y gente atípica. Mochileros, hippies artesanos y músicos, rastas, gays, vegetarianos, gente practicando yoga y meditación. Muchos en busca de aventura por América del Sur. Mucha gente jóven pero también viejitos rumbo a las playas de Brasil a pasar el invierno europeo. Muy pocos niños y familias, así es que tranquilidad a bordo.

Los Paulistas y Brasileños ricos del sur estaban alucinados, más aún la noche de gala con el capitán (nosotras no fuimos, no nos va ese rollo).

Fueron "vacaciones" de verdad. Tumbona y piscina sobre el Atlántico, clima tropical, hasta jugamos ping-pong, menos mareante que las cervezas. Y noches activas, espectáculos en el teatro del navío cada noche, música en vivo y bailes nocturnos, así es que nos daban la una de la madrugada para acostarnos, en plan viejitas, la juventud de juerga hasta las 5, cada día.
Los días fueron pasando, se pierde la noción del tiempo a bordo en mitad de la nada. Sólo tuvimos un día movidito, acercándonos a Brasil, hasta cerraron la piscina y mucha gente quedó mareada (pero no dejaron de beber ni de comer, al menos algunos).

Así llegamos a Salvador de Bahia el 5 de noviembre, temprano, a la hora establecida. Más de 2.800 millas (unos 5.000 km) de travesía.
Ainara tuvo en Salvador unos días en que todo se le movía, curiosa sensación. Sonia llevo peor la parte a bordo. Pero la vida marinera no es para nosotras y menos aún los "todo incluido". Aunque la experiencia fue única, viajar en un transatlántico, y repetiríamos si encontramos otro chollo de estos como el de Pullmantur, pero no pagaríamos lo que cuesta un crucero normalmente.

Los días por Bahia ya los detallaremos en otro correo... Que ya va mucho rollo por hoy.

Las fotos del crucero y los días previos en Canarias, en https://sites.google.com/site/soniayainararecorriendomundo/

Moutos beijos!desde Bahia-Brasil.

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