Crónica El Salvador

Podríamos escribir sobre El Salvador aumentando exponencialmente lo vivido en Honduras: percepción de inseguridad y miedo de la población, armas e iglesias en todo lado, miles de vendedores ambulantes,  corrupción, maras profesionalizadas, violencia, migración a los Estados Unidos, clasismo. Pero sobre todo, sobre la amabilidad y hospitalidad de la gente y los días felices que tuvimos.

Quizás el hecho de ser el país más densamente poblado de la zona hace que se agudice y destaque todo. 
La “pulga” de América, un país 5 veces más chico que sus vecinos pero con unos 7 millones de habitantes (y  1 millón más en los USA). 
Cabal! Dicen a cada rato los Salvadoreños, con un tonito divertido. “Kaa-baal”!



Empezamos el recorrido emocionadas y sorprendidas ya que nuestro primer contacto con el país fue Suchitoto , el pueblo más colonial, bonito y organizado de El Salvador. Tuvimos nuestro top paisajístico en el cráter del volcán Santa Ana (naturaleza bruta). Descansamos unos días por las playas soñadas por muchos surfers. Y disfrutamos siempre con sus gentes lindas. Así que después de 3 semanas nos íbamos con una imagen que nada tiene que ver con la mala fama del país. Pero al final, salimos tristes y decepcionadas porque el último día nos tocó vivir de cerca violencia e inseguridad, como una muestra de que estos males son una realidad difícil de desterrar en América.

Os dejamos con nuestra visión subjetiva de El Salvador, que parece una contradicción en sí mismo, sólo basta ver su nombre y conocer su historia.


INSEGURIDAD, CULTURA DEL MIEDO Y ECONOMÍA

En El Salvador ves armas a cada rato. Policía no se ve tanta como en Honduras pero, sobre todo en las ciudades, hay vigilantes privados en todas partes, siempre armados, generalmente con armas largas. Incluso delante de pequeñas farmacias o panaderías, además de en los camioncitos de reparto. Increíble!


Si bien las cifras de homicidios y muertas violentas son de las más altas del mundo, todo parece hacer parte de un sistema engranado para hacer de la seguridad un negocio. Los gobiernos no hacen nada contra las pandillas o maras, meten miedo a través de los medios de comunicación, dejan que la corrupción se adueñe de las fuerzas públicas, y todo para justificar que sea la inversión privada la que rentabilice el millonario negocio de la seguridad. Si echaras un ojo a los periódicos amarillistas no pondrías un pie en El Salvador.

No hay problemas de cara al turismo pero te asustan más de la cuenta. Nos pasó en Suchitoto los primeros días. Queríamos ir a una cascada y en el Centro de Amigos del Turista nos dijeron que había que ir con la policía, en grupo a las 3:00.  - ¿Cómo así, no queda a las afueras del pueblo? – Sí, pero aconsejamos ir con escolta. - ¿Algún atraco? – No, hay gente que va sola y no les pasa nada. Contrastamos opiniones con varias personas del pueblo y al saber que es uno de los pueblos más seguros del país, fuimos solas. Gentes campesinas amables en ruta, nada raro. En la cascada (seca, pero con lindas vistas) encontramos una pareja de turistas locales y nos dieron “jalón” en su carro de regreso al pueblo.

Si el país es tan inseguro no entendemos por qué hay tantas industrias extranjeras sacando provecho.  En la autopista del occidente, en los 100 km entre San Salvador y Santa Ana, ves fábricas modernas a cada lado. Empresas de USA, Asia, Europa, Colombia, todos están en este “peligroso” lugar.

Cuando preguntábamos a nuestros hosts y a la gente en la calle (les gusta conversar y expresar su opinión), en general nadie había vivido problemas de inseguridad, ni siquiera robos. Todo depende de dónde vivas, pero eso sí, de noche mejor no salir a ciertos lugares.

En San Salvador, por ejemplo, nos quedamos con Bianca, una Austriaca, profesora en el Colegio Alemán, que nos recibió en su moderno apartamento en un barrio alto y caro de la capital. El clasismo es marcado en El Salvador. Los ricos viven en barrios tranquilos, residenciales, en casas ajardinadas, con jardinero, empleada y vigilantes, llegan en sus coches último modelo y los niños estudian en costosos colegios bilingües. 
Viven en una burbuja, aislados de la realidad, blindados y atemorizados.


En cambio, en las colonias donde vive la gente pobre y hay presencia de maras, las cosas son diferentes. Allí hay otras reglas y la mayoría de los muertos son por ajustes entre bandas, casi todo queda entre ellos.

No se puede hablar de El Salvador, sin hablar de las maras. Edward, nuestro host en el Volcán Boquerón, nos contó su versión. - Todo comenzó en los años 80 y 90´s en Estados Unidos. Por abusos raciales entre inmigrantes, drogas y poder callejero, se formaron las famosas maras Salvatrucha y M-18. Las cárceles gringas se fueron llenando y muchos de ellos fueron deportados. Nos mandaron el problemita. Andan metidos en todo lo ilegal, pero también son una verdadera mafia de altas esferas. Hay problemas de maras en casi todo el país, aunque concentrados en ciertas colonias. Soyapango a las afueras de San Salvador es uno de los peores lugares, dicen que entras pero no sales. Muchos bichos (así les dicen a los adolescentes) con familias rotas, pocas oportunidades y valores, alcoholismo, violencia familiar, y más en esas colonias pobres, acaban metidos en maras. Hace falta un gran cambio, acabar con las disparidades, el clasismo. Este gobierno dicen, está dialogando con las maras, hay que buscar una salida. Yo nunca he visto tatuados, ni tenido historias raras.

Lo cierto es que es muy difícil ver un marero si no estás en ese mundillo. El único “tatuado” que vimos fue en un bus, donde todo el tiempo hay un desfile constante de vendedores y predicadores. El ex-marero contó su historia, desde los USA, mostró sus tatuajes, pidió dinero y listo, cedió el turno al siguiente rebuscador.  Viajando en bus se aprende a cada rato y no te aburres!

LOS SALVADOREÑOS QUE TRABAJAN Y LOS QUE VIVEN DE LAS REMESAS

La gente de El Salvador tiene fama entre los vecinos centroamericanos de ser muy buenos para los negocios, organizados y trabajadores. Puede ser, pero lo que sí notamos es que son los más extrovertidos, conversadores, amables y hospitalarios de los países hasta ahora recorridos en esta región.

También es donde hemos visto más clase media, bastante consumismo y es el país más “americanizado”. La moneda oficial es el dólar de Estados Unidos desde el 2001 cuando desaparecieron los Colones. 


Uno de los fuertes de El Salvador es su mano de obra, sus gentes trabajadoras y los bajos salarios (recién han subido el salario mínimo a 300$ y ahora les quieren hacer trabajar más horas). Hay decenas de franquicias (algunas son latinas), centros comerciales enormes, almacenes y maquilas (hay una zona franca en la capital).

Muchos salvadoreños emigraron a los Estados Unidos desde los ochenta por la Guerra Civil, el Huracán Mitch, terremotos, porque no faltan momentos duros en este pequeño país.
Así que la economía salvadoreña depende en gran medida de las remesas de dinero porque casi todas las familias tienen por lo menos un pariente fuera. No faltan anuncios de bancos que las gestionan. Muchas personas ya no trabajan y sólo esperan que llegue el dinero todos los meses, creando un problema social y económico. Los niños son criados por las abuelas, las familias no ven el esfuerzo para ganar ese dinero que ellos se gastan y las nuevas generaciones ya no quieren trabajar, sólo esperan la remesa y sueñan con irse a los USA, incluso corriendo el riesgo de morir al ir como “mojados”.

LA RELIGIÓN EN LA HISTORIA DE EL SALVADOR    

Un país con un nombre así parece predestinado por la “gracia de Dios”.  Desde la época de la colonia, los españoles invocaron a todos los santos posibles para bautizar las ciudades: San Salvador, Santa Ana, San Miguel, etc. La presencia histórica de la iglesia católica y recientemente de todo tipo de congregaciones cristianas hace que los salvadoreños sean demasiado creyentes y sometidos.

Nos llamó la atención ver a muchas mujeres en los pueblos con velos en la cabeza. Son las Proféticas, una religión muy conservadora. 
Lo cierto es que no faltan devotos en los templos, ministerios y asambleas de Dios y decenas más de nombres. Altavoces a todo volumen con música religiosa o misa cantada, radios cristianas, escuelas, predicadores en los buses que van leyendo la Biblia a gritos, y alargan los versículos para llegar a destino sin pagar pasaje!

La religión está omnipresente. Vimos la primera foto de Monseñor Romero en el puesto fronterizo al entrar al país y esa imagen nos acompañó a lo largo del viaje. Su figura está presente en todos los lugares públicos y en muchas casas. Es un símbolo en la historia reciente de El Salvador ya que su asesinato en 1980 marcó un punto de quiebre en la Guerra Civil que duró hasta 1992, cuando se firmó la Paz.

La historia de toda Centro América está teñida de sangre y la de El Salvador no es diferente. Las tierras y cafetales siempre estuvieron en unas pocas manos y la gente indígena que poblaba la zona fue muy discriminada y abusada. A comienzos de los años 30, Farabundo Martí, líder del Partido Socialista Centroamericano, apoyó una revuelta de trabajadores e indígenas. 30.000 personas murieron en la Matanza, él incluido. Los pocos indígenas que quedaron renegaron de sus orígenes para no ser asesinados  y así perdieron su lengua, vestimenta y costumbres.  En los 70 se conforma la guerrilla del FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional) para luchar contra tanto abuso y la respuesta fueron los escuadrones de la muerte. Años de masacres, torturas, secuestros, asesinatos, años brutales de crímenes atroces cometidos por los gobiernos de los que no se escaparon los sacerdotes ni monjas.

Visitamos el Centro Monseñor Romero en la UCA (la privada Universidad Centro-Americana de los Jesuitas), donde 6 Jesuitas Españoles, una empleada y su hija fueron asesinados en 1989. 
Hay una pequeña exposición conmemorativa y fotos de la macabra matanza. 

Pero las víctimas no solo fueron religiosos, se dice que unas 75.000 personas murieron en más de 20 años de guerra civil.


También conocimos a Ixchel (nombre de la Diosa Maya de la Luna), nuestra “couch”en Jayúa, una ex-guerrillera y hoy activista, que ejerce la medicina tradicional con masajes. Nos contó que no es fácil ser activista, una amiga ha sido amenazada de muerte. Hay mucho por hacer con las mujeres: por ejemplo el aborto está totalmente penado en El Salvador, como en Nicaragua y Chile. Pero que ella sigue firme en sus ideales, luchando, leyendo y abriendo su casa a viajeros y a quien lo necesite.

Actualmente, El Salvador tiene un gobierno de izquierda que lleva 2 períodos desde 2009. Originario del FMLN, han hecho cosas como mejorar salud,  educación y carreteras, pero la corrupción sigue siendo enorme. Hay mucho escepticismo en la gente, no se ha avanzado en soluciones reales para los problemas del país, así que las iglesias de todo tipo encuentran un caldo de cultivo apropiado para captar fieles que den el diezmo.

No nos pudimos escapar de los predicadores ni de las menciones a la religión en los buses (decenas de pegatinas religiosas en el interior, seguimos viajando acompañadas de Dios), calles, barrios, anuncios publicitarios, ni negocios, es imposible no ver a Dios en todas partes. El “Salvador”.

 
ALCOHOL  Y MACHISMO

“Casa libre de violencia de género”, decía delante de muchas puertas en Suchitoto. Han abierto oficinas de denuncia y lanzado campaña por la igualdad de género. 
La violencia doméstica es un grave problema social en este país donde los hombres beben demasiado y las iglesias influyen para que las mujeres aguanten  más de la cuenta.


Los Salvadoreños beben y beben hasta caer.  
Lo hemos visto en los pueblos, con hombres tirados en la calle, durmiendo la borrachera desde bien temprano. También en la playa. Borrachos perdidos, siguen bebiendo, como un personaje que en la tarde iba dando eses y que nos encontramos al día siguiente durmiendo en una sombra, le quedaba sólo un zapato pero había sobrevivido. En pocos sitios hemos visto beber como en El Salvador, hasta han hecho cerámicas de “el bolo” (borrachos en el norte de Centro-América) y les falta un zapato!

Aunque la cerveza no es barata (un botellín cuesta 1$), parece que siempre hay dinero para beber y si no,  está el guaro (aguardiente) mucho más barato y embriagador.  En El Tunco (una playa surfera) nos tocó ver un típico fin de semana salvadoreño: la clase media va a la playa el sábado y los hombres desde que llegan se ponen a “chupar” hasta las 2 am que cierran todo y amanecen tempranito, cerveza en mano a seguirla hasta la tarde que vuelven a la capital. Las mujeres lidiándolos todo el tiempo.

Un grave problema social debido al trago, con familias rotas, maltrato, infidelidades. Casi todos los hoteles de El Salvador funcionan también por horas. Muchas mujeres viven solas, criando a sus hijos, después de tener varios maridos y bastantes han sido madres adolescentes. Fue curioso el contacto con las mujeres, nos contaban sus dramáticas historias y no nos podíamos creer que tantas desgracias pudiesen pasarle juntas a tantas y en tan diferentes lugares, incluso llegamos a sospechar que trataban de inspirar lástima… pero parece que la historia del país ha sido tan amarga que sí es posible y que hay tanta soledad que cuando encuentran quien las escuche se desahogan hablando.

Una abuela campesina que vive en un modesto ranchito en la falda del volcán de San Salvador lloró al recordar su pasado.  
-Ahora todo es más fácil. A mí me tocó la guerra, terrible, la viví en persona. Mataron a mi mamá, a mi hermana, a casi toda la familia. No todo fue política, las mataron por venganza e infidelidades. Las vi matar, me salve de milagro, Dios lo quiso así, corrí. Tardé en olvidar. Luego busqué marido, pero no tuve suerte. Con varios hijos me abandonó, se fue con otra. Unos años más tarde volvió, los hijos no lo querían, “échelo mamá”, yo no podía, hay que perdonar, el Señor nos lo enseña. Luego murió. Me arrejunté con otro, pero nunca tuve suerte con los hombres y también se fue. En total he tenido 11 hijos pero 4 se murieron. Pero vean, estos son mis pequeños, acá viven 4 hijos y varios nietos. La vida es así, hay que orar y creer porque Dios sabe el porqué de las cosas.

Sin palabras, la escuchábamos mientras tomábamos el café con pan dulce al que nos invitó, porque la gente comparte lo poco que tiene. Y así muchas historias crudas de la vida salvadoreña.

 
DE TURISMO POR “PUPUSALANDIA”

Desde el 2015 El Salvador ha cambiado el enfoque de sus iniciativas turísticas para centrarse en fomentar el turismo interno. Han diseñado varias rutas turísticas y “Pueblos Vivos”. 
Por ejemplo en el Occidente, la Ruta de las Flores, una zona más fresca y verde (el resto está muy deforestado), con colinas cubiertas de cafetales, sembrados hace más de 100 años, cuando cae el añil (este tinte natural azul fue la gran exportación salvadoreña, utilizado para hacer los blue-jeans). En cada pueblo de la ruta se han especializado en algo, artesanías, murales, ferias gastronómicas, ideas en ebullición, mucha creatividad siempre. 
La idea es que estos pueblos rurales sean visitados, sobre todo los fines de semana pero también durante las vacaciones de los Salvadoreños que residen en los USA, ya que cuando vuelven a su país gastan bastante y dinamizan el sector turístico.

Del turismo extranjero, lo que más se mueve son surferos que desde hace años pasan el invierno del norte por estas latitudes calientes, cogiendo las famosas olas del Pacífico Salvadoreño. Son los que ocupan las habitaciones baratas en la playa de El Tunco (dobles a 10$). En esta playa estuvimos unos días, pero no pudimos disfrutar del todo ya que el calor era demasiado, no hay sombras y está llena de piedras negras, que ni para caminar y nadar casi nunca porque el mar es demasiado fuerte y peligroso. 

La comida también puede llegar a ser muy barata si como nosotras le hincamos el diente al orgullo gastronómico nacional: la Pupusa. Viene siendo como la arepa colombiana (una masa de harina de maíz blanco) pero con variado relleno (queso, chicharrón, pollo, camarón). Nunca faltan las pupuserías en cada barrio, al borde de la carretera, siempre hay mujeres aplaudiendo para darle forma delante de calientes planchas metálicas. Así se alimentan muchos salvadoreños. Las sencillas, de queso y fríjoles, cuestan tan sólo 3x1$. Siempre acompañadas de salsa de tomate fresco y verduras encurtidas en vinagre. 
Son sabrosas, recién hechas y llenan. Fue lo que más comimos durante esas semanas.


De la gastronomía local, probamos también tamales, dulces y tajadas de plátanos, empanadas, “charamuscas” (helados en bolsas), “chocobananos”, “mangoleadas” (helado de mango verde con picante) y  “minutas” (raspados de hielo con limón y picante). La mayoría cuesta una cora (“quarter” en spanglish, o.25$), así que nuestro aporte a la economía salvadoreña fue insignificante, pensándolo bien, igual por eso prefieren el turismo nacional, ellos si gastan.

La gente local que tiene pisto (dinero) va a los grandes clubes privados, condominios, y hoteles como  el Decamerón, el mejor y más grande del país. Sí, la famosa cadena Colombiana está presente en El Salvador, así como muchos bancos, negocios y Avianca ha absorbido Taca, la antigua y potente aerolínea Salvadoreña.


Nosotras sólo en un par de ocasiones usamos hotel ya que nos quedamos en varias casas, gracias a couchsurfing. 
Incluso en la Ruta de las Flores, donde conocimos a Attilio, un jubilado que ha regresado a sus orígenes tras 40 años trabajando en los USA. 
O en Santa Ana que nos alojó la familia de Jorge (un joven estudiante de la UCA) y muchas otras experiencias bonitas!

Y UN FINAL AGRIDULCE CON MACHETE

Todo bien tras 3 semanas viajando a bordo de viejos buses escolares gringos, bien mantenidos, la manera más habitual de moverse en El Salvador, Nicaragua y Guatemala (el transporte es muy barato a menos de 1$ por hora recorrida). Un desfile perpetuo de personajes: entre reggaetón y predicadores a todo volumen, vendedores que suben y bajan, “dulces, helados, fruta”, “buenos días, con la bendición de Dios y con todo respeto …”, hasta vendedores de Ibuprofeno y Acetaminofén (20x1$!), de fruta y verdura, hay de todo.  No hay que esforzarse para comprar, o te suben al bus o pasan por tu casa ofreciendo lo divino y lo humano. Todo un desfile de vendedores ambulantes en cada pueblo y ciudad de El Salvador, incluso en los barrios ricos de la capital, en camioncitos, bicis, carros. Práctico! Confirmado que son mercaderes. “Choin choin”, nos despertaba la bocina de la bicicleta de pan en las mañanas.

Y nos llevábamos esa buena impresión del país, con gente tan linda, conversadora y amable, pero un incidente hizo que sintiésemos rabia, tristeza e impotencia por lo que también pasa en El Salvador y esta región de Centro-América.

El último día, fuimos a los Chorros de Juayúa, unas cascadas muy cerca del pueblo. Ixchel nos advirtió que si queríamos ir, mejor no llevar nada ya que una amiga le había comentado que entre semana atracaban. Otra vez con su paranoia estos Salvadoreños, ya no creíamos tanta alerta porque así había sido durante todo el recorrido.
Para subir al cráter del volcán Santa Ana nos tocó ir en grupo, escoltadas por un policía armado. Es más un show que protección real: en caso de asalto a los primeros del grupo es imposible que el  oficial se entere ya que va detrás, con los últimos, con varios minutos de rezago; y eso que en nuestro caso el grupo fue “sólo” de 25 personas ya que los fines de semana los grupos llegan a ser de 200 . Pero así son las reglas  y no hay opción.

Por eso estábamos tan confiadas, pensando que es más la cultura del miedo que peligro real, pero como hacemos caso cuando insisten, fuimos a las cascadas caminando con nuestras pintas habituales, sin cámara y los bolsillos vacíos.

Nos adelantaron 5 tuc-tucs con extranjeros. Eran varias caídas de agua, con un par de piscinitas artificiales, entrada gratis y ningún vigilante. Como la primera pileta estaba llena, fuimos a la segunda y más alejada. Sí, a esa a la que no había que ir. A Sonia que siempre le da pereza bañarse en este tipo de lugares, le dio por refrescarse y al salir vimos a pocos metros un hombre con la cabeza tapada que amenazaba a una pareja de rubios con un machete. Al resistirse y no querer entregar la mochila, el tipo le pegó un machetazo por detrás a la chica, apuntando a la mochila. Al ver la agresión, nos pusimos a gritar, ellos también, el muchacho que medía casi 2 metros golpeó al ladrón que cayó, pero el resto del grupo estaba lejos y no se enteraban de nada. Nosotras quietas, ¿qué hacer? Sonia estaba descalza y a medio cambiar. Pasaron corriendo frente a nosotras, el ladrón detrás, resbalón y el ladrón los atrapó de nuevo. El tiempo transcurría a otra velocidad. Todo terminó cuando el extranjero abrió la cartera y le entregó varios billetes que lo conformaron. Pero cuando pensábamos que se iba, subió hacia nosotras, con el machete en alto, amenazante.  -“Nada, no tenemos nada”. El ladrón no habló, señaló el bolsillo. “Nada, vea”. Y se fue. Uf, la suerte estuvo con nosotras, pero la sensación fue horrible.

El resto del grupo no se enteró de nada. Unos estudiantes locales nos dijeron que la policía deja hacer, que sólo vigilan el fin de semana, que son muy corruptos. Lo cierto es que al salir del  lugar ya estaba un coche de la policía y 2 motos con civiles armados. El tuc-tuc de los chicos nos llevó de vuelta (a ellos los llevó la policía al hospital porque estaban heridos por las caídas) y nos acercamos a la comisaría por si querían algún reporte. Nos dejaron ir sin siquiera pedir nuestros datos. Así funcionan las cosas allí.

Y así es nuestra suerte. Si Sonia no se baña, nos hubiésemos ido antes sin tener idea de lo sucedido, ratificando que no hay atracos, que es paranoia y miedo. No sabemos lo que pudo haber ocurrido si esa pareja no estuviese allí y las asaltadas hubiésemos sido nosotras sin nada que entregar. Lo cierto es que tuvimos una actitud poco solidaria al no hacer nada, pero no nos quisimos arriesgar intentando ayudar, la edad nos ha hecho cobardes o quizá prudentes. Un machete asusta!


Al día siguiente salimos de El Salvador tristes, con una sensación agridulce, porque fue mucho más lo positivo de las 3 semanas de recorrido, pero ese incidente nos bajó el ánimo, nos decepcionó y nos hizo pensar en lo difícil que es ver una salida y un futuro para estos países, que parecen estar condenados por su historia  y su destino. En todo caso, el cambio está en manos de los salvadoreños y no en las de Dios como ellos creen. Cabal! Esperamos que haya salvación para El Salvador. Amen.

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